lubricán

Crepúsculo matutino o vespertino. Un posible origen etimológico es el término latino lubricus , que podemos traducir como resbaladizo. En el caso que nos ocupa, da idea del carácter transitorio de ese momento del día, que rápidamente se nos escapa de las manos (en sentido figurado, se entiende). No se descarta tampoco que guarde relación con la palabra lúgubre, dado el ambiente oscuro y sombrío que caracteriza a la transición entre el día y la noche. Una tercera posibilidad es que tenga su origen en las palabras latinas lupus (lobo) y canis (perro), ya que durante esa tenue claridad los perros ladran y los lobos aúllan. Tampoco hay luz suficiente para que los pastores puedan distinguir bien unos de otros.