aurora polar

Fenómeno luminoso que tiene lugar en la alta atmósfera, a altitudes superiores a los 100 km, y que se observa habitualmente en las regiones polares. Es el resultado de la interacción del viento solar con la atmósfera terrestre. Parte de ese flujo de partículas eléctricas muy energéticas, que irradia sol en todas las direcciones, es interceptado por el potente campo magnético de la Tierra, que actúa como un escudo protector y lo desvía hacia los dos polos magnéticos. El bombardeo de partículas sobre las moléculas gaseosas que hay en la parte superior de la atmósfera da como resultado la emisión de luz en diferentes longitudes de onda (distintos colores) y, consecuentemente, la formación de las auroras polares. Sus tonalidades dependen del tipo de moléculas bombardeadas. Las de oxígeno forman auroras de color verde; el nitrógeno, resplandores en tonos rojos, rosas y púrpuras, mientras que el color azul -menos frecuente- procede de moléculas de hidrógeno, situadas muy arriba en la atmósfera. Dependiendo del hemisferio terrestre donde se formen, tenemos auroras boreales (hemisferio norte) y australes (hemisferio sur). Las grandes tormentas geomagnéticas, provocadas en la magnetosfera terrestre por la llegada de un viento solar más intenso del normal, dan como resultado auroras polares de mayores dimensiones, que pueden llegar a observarse en latitudes más bajas de lo habitual. Las auroras boreales se conocen también como las luces del norte y en torno a ellas existen multitud de leyendas. En algunas culturas nórdicas se pensaba que eran las almas de los muertos, que habitaban por encima de la atmósfera y que danzaban con unas antorchas encendidas para guiar los pasos de los nuevos espíritus.

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