satélite meteorológico

Satélite artificial que orbita la Tierra y lleva a cabo observaciones meteorológicas, transmitiéndolas a estaciones receptoras terrestres. Los datos que puede obtener son muy variados, no limitándose solo a captar imágenes de las nubes, que es su función más conocida, gracias a los espacios del tiempo de televisión. Estos satélites también se encargan de monitorizar un sinfín de variables y elementos de interés meteorológico y climático, como los aerosoles (humo, polvo, cenizas volcánicas…), las auroras polares, los glaciares, icebergs, mantos de hielo, la temperatura superficial del mar, los vientos, las tormentas, las concentraciones de gases contaminantes, ozono estratosférico, CO 2 , metano… La cobertura de los satélites meteorológicos es global, lo que supone un volumen de millones de datos nuevos cada día, que nutren a los modelos numéricos de predicción del tiempo. El primer satélite meteorológico que completó con éxito su misión fue el TIROS 1, que fue lanzado por la NASA el 1 de abril de 1960. Tuvo como precursor al Vanguard 2, que formó parte de un proyecto de la Armada de EE UU y se lanzó el año anterior (el 17 de febrero de 1959). Si bien este satélite se diseñó para medir la distribución de la cobertura nubosa y la densidad del aire, apenas aportó datos, por lo que suele considerarse el TIROS 1 como el primer satélite meteorológico de la historia. La puesta en marcha, en 1963, del Programa de Vigilancia Meteorológica Mundial de la OMM, impulsó definitivamente la observación de la atmósfera desde el espacio, gracias a los satélites meteorológicos. En función de la altura sobre la superficie terrestre a la que se sitúe un satélite artificial, se consideran cuatro tipos de órbitas: 1) órbita terrestre baja (polar o de estacionamiento); 2) órbita terrestre media (la que utilizan los satélites que posibilitan los sistemas de navegación global); 3) órbita geosíncrona; y 4) órbita terrestre alta. Los satélites meteorológicos se ubican dentro de las categorías 1 y 3.