penitentes
Forma abreviada de referirse a las nieves penitentes. Reciben este nombre los llamativos pináculos de nieve compacta, de altura muy variable (desde unos cuantos centímetros [«micropenitentes»] hasta entre 4 y 5 metros), en los que termina convertido un manto de nieve sometido a unas condiciones meteorológicas muy particulares y extremas. Tan curiosa denominación es debida al parecido que tienen con una procesión de nazarenos en Semana Santa, cada uno de ellos ataviado con su capirote. Se han documentado en zonas de alta montaña de diferentes cordilleras terrestres, siendo en la región desértica y montañosa de los Andes Centrales de Argentina y Chile donde se forman con mayor frecuencia, habitualmente por encima de los 4000 m sobre el nivel del mar. En España, se forman ocasionalmente tanto en los Pirineos como en el Teide. Estas agujas de hielo son el resultado de la pérdida de nieve por fusión y sublimación. En la referida zona andina, el ambiente, aparte de gélido, es tan extremadamente seco que la nieve superficial comienza a evaporarse, formándose concavidades en el manto nivoso. A medida que esos huecos se van agrandando, cobra relevancia el factor solar (diferente insolación entre zonas de solana y umbría), lo que acelera el proceso de pérdida de nieve, perforándose progresivamente la capa hasta culminar en la formación de esa especie de estalagmitas de hielo. La primera referencia científica de los penitentes es debida al naturalista inglés Charles Darwin (1809-1882), que se topó con ellos en una expedición por la región andina, el 22 de marzo de 1835. El glaciólogo francés, afincado en Chile, Louis Lliboutry (1922-2007) fue el primero en explicar de forma satisfactoria cómo se forman.
También conocido como: nieves penitentes