pararrayos

Dispositivo que protege a un edificio del impacto de los rayos, salvaguardando la integridad física de las personas que lo ocupan. Los pararrayos también se colocan en barcos e instalaciones de lo más diversas (antenas, torres eléctricas, aerogeneradores…). El más común de todos ellos está basado en el efecto punta y se conoce también como pararrayos Franklin, en honor a su inventor: el polifacético Benjamin Franklin (1706-1790). Gracias a su famoso experimento de la cometa, llevado a cabo en Filadelfia (EE UU) el 15 de junio de 1752, demostró que los rayos son descargas eléctricas. Al año siguiente (1753) inventó el aparato. El pararrayos convencional se coloca en la parte más alta de los edificios y consta de una o más barras metálicas, de acero galvanizado, terminadas en una punta de wolframio, resistente a las altas temperaturas que se generan cuando impacta en ella un rayo. La ionización del aire en ese extremo abre el camino a los rayos procedentes de las nubes de tormenta. El otro extremo está conectado a tierra mediante conductores metálicos de baja resistencia eléctrica. De esta forma, cuando un rayo impacta en el pararrayos se transmite con rapidez a tierra, evitando que la descarga provoque daños en la estructura del edificio. Algunos pararrayos -también basados en el efecto punta- están coronados por una especie de anillo que contiene una pequeña cantidad de un isótopo radiactivo, cuya misión es ionizar más el aire alrededor del dispositivo. Existen también los pararrayos de tipo reticular -basados en el principio físico de la jaula de Faraday-, que consisten en una malla metálica conectada a tierra que cubre los edificios en su totalidad. Un edificio moderno con estructura metálica cumple esa misma misión, por lo que se reduce prácticamente a cero la probabilidad de que penetre en él un rayo y cause daños en su interior.

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