ablación

Si nos ceñimos a su acepción meteorológica, este término expresa la pérdida de nieve o de hielo como consecuencia de la combinación de tres procesos que tienen lugar en la atmósfera: la fusión, la evaporación y la sublimación. Pensando en el manto de nieve o en el hielo de un glaciar, si bien su reducción suele relacionarse con el ascenso de la temperatura (más calor implica una mayor fusión), la ablación puede ocurrir también por la citada sublimación, pasando directamente la nieve o el hielo de fase sólida a gaseosa; es decir, convirtiéndose en vapor de agua. El viento es otro de los factores que contribuye muy eficazmente a reducir el espesor de un manto nivoso, gracias a las elevadas tasas de evaporación que provoca. El proceso opuesto es la alimentación. En un contexto geomorfológico, el término alude a la pérdida de suelo que ocurre en los valles fluviales, debida al arrastre de sedimentos que ocasionan las grandes crecidas provocadas por lluvias torrenciales. Esos materiales quedan depositados aguas abajo, en el entorno de la desembocadura del río y en el propio mar.