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LAS RIADAS del TURIA en VALENCIA
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Eran las tres de la tarde de la festividad de los Santos Cosme y Damián, antevíspera de San Miguel Arcángel, cuando llegó el Turia a Valencia con tanta fuerza como nunca lo habían visto personas vivientes.
Comenta Almela y Vives que en el transcurso de una hora derribó los puentes del Portal Nuevo, del Real y de los Serranos, y gran parte de los antepechos de los Puentes de la Trinidad y del Mar.
Las aguas entraron en tal cantidad, que podía navegar una barca grande por los portales situados junto a los puentes citados, y también por las puertas de los Tints y de las Blanquerías. En el Convento de la Zaidía alcanzaron un nivel de diez palmos y medio y causaron muchos daños, por lo que las religiosas tuvieron que refugiarse en las casas de sus deudos.
Lo mismo ocurrió con las monjas del convento de la Trinidad, que durante la mañana siguiente, con las caras cubiertas, se trasladaron al palacio arzobispal. Tampoco permanecieron en su cenobio las monjas de San Julián, alarmadas por las ciento veinte casas destrozadas por las aguas y la pérdida de más de cien vidas humanas.
Resumiendo el texto en el que Almela aporta noticias de esta extraordinaria inundación, hay que decir que las aguas desbordadas se extendieron a muchas alquerías, causando estragos incalculables y se vinieron abajo casi todos los molinos, se obstruyeron las acequias y quedaron embarrancadas las tierras labrantías. Aquello no parecía la Huerta de Valencia. Las mismas aguas arrastraron cantidad de árboles y madera, que fueron impelidos en gran parte hasta el mar, por Monteolivete.

El Puente del Real en la actualidad, sobre el cauce seco del Turia
El Cabildo de la Catedral dispuso que el Corpus Domini, acompañado del Lignum Crucis y otras reliquias, fuera llevado en procesión a los lugares donde abundaban las aguas. Varios sacerdotes permanecieron entonando salmos desde la tarde a la noche y pidiendo misericordia, por lo cual consta en la documentación que se les dieron a cada uno dos sueldos de limosna. Desde medianoche hasta la hora del alba, fueron otros sacerdotes quienes entonaron los salmos en la capilla mayor catedralicia. Aquella mañana volvió el río a su cauce, pero los capitulares dispusieron que, mientras el tiempo no mejorase del todo, continuaran las rogativas “ad petendam serenitatem” por turnos de cuatro horas y dando dos sueldos a cada sacerdote que estuviera por la noche, y un sueldo y seis dineros a los que estuvieran y rezaran de día. El mismo día 27, los clérigos de las iglesias parroquiales y los de los conventos de San Agustín y San Francisco salieron a la calle para conjurar el río. Los frailes dominicos no pudieron participar por tener que defender su convento del agua, ya que la riada había derribado la mayor parte del claustro y precisaban demoler lo que aún quedaba en pie.
Una semana después, el 3 de octubre de 1517, los Jurados de la Ciudad dirigieron una epístola al joven rey Carlos I, recién llegado a España, que había desembarcado en Villaviciosa el 19 de septiembre de aquel mismo año, días antes de la riada. Le informaban someramente de lo sucedido. Y para recordatorio de aquella trágica inundación, se puso en la pared exterior del atrio del convento de la Trinidad, en la esquina con la calle de Alboraya, una lápida con la inscripción: HVCVSQ. SVPRA HOMINVM MEMORIAM INVNDANS TURIA MAXIMA VRBI REGNO Q. VALENT. DAMNA INTVLIT ANN. M.D. XVII QVINTO K. OCTOB HO. POST MERID III.
En aquella noche de infortunio del 27 de septiembre, una gran tormenta azotó la Ciudad y varios habitantes de la capital del Turia dijeron haber visto un extraño y fiero animal que se asemejaba a un león y rugía paseándose por las calles encharcadas. La noticia corrió como la pólvora y se produjo una gran confusión. La gente salió con alabardas, ganchos, bastones y otras armas para matar a la fiera. Todo eran rumores, gritos y alborotos y, a consecuencia de aquella fantasmagórica visión, dicen las crónicas que muchas mujeres enfermaron de espanto y se volvieron locas.
A la mañana siguiente,” el Turia dejaba al descubierto los cientos de muertos que el agua había arrastrado consigo en aquel día fatídico, que fue recordado durante muchos años como el más nefasto de todos los tiempos”…
Después, mientras los supervivientes intentaban devolver la normalidad a la Ciudad, el extraño animal al que llamaban “la bestia”se dejaba ver sólo por las noches. Decían que había llegado acompañando a las tormentas previas a la riada y que se veían sus pisadas y se oían sus bramidos hasta el amanecer. Unos opinaban que se parecía a un león, otros que se asemejaba a un buey. Las autoridades duplicaron sin éxito la vigilancia nocturna. Se comprobó si los cadáveres de los ahogados presentaban señales de garras o de dientes en sus cuerpos y, durante tres meses, el terror paralizó la vida nocturna en Valencia. Un día, varios ciudadanos aseguraron haber visto a la bestia cerca del convento de la Trinidad y, cuando los vigilantes nocturnos llegaron al lugar indicado, quienes allí permanecían aseguraron que la fiera se había arrojado al agua desde el Puente. Nunca más se la volvió a ver, pero los limoneros desgarrados, las huellas de sus pisadas en el barro, sus excrementos y los animales muertos evidenciaban su presencia… los ciudadanos más escépticos siguieron manteniendo que aquel extraño engendro no había llegado con las tormentas que precedieron a la riada y que la bestia sólo había existido en la imaginación calenturienta de quienes decían haberla visto…

Puente de la Trinidad ( 1402 ) el más antiguo de Valencia.
El investigador catalán Fontana Tarrats, en sus compilaciones documentales dedicadas a incidencias meteorológicas en lo que hoy son las comunidades autónomas de Cataluña, Valencia y Murcia, nos dice en relación con la riada valenciana de 1517, que las lluvias ya habían comenzado 40 días antes del desbordamiento del Turia; que a las 4 de la tarde del día 27 las aguas habían inundado casi todos los barrios de Valencia, además de sus puentes, y que en la Ciudad se derrumbaron multitud de casas. Cita como ejemplo la calle de Murviedro, en la que desaparecieron sesenta edificios.
Fuera de Valencia, Fontana refiere que hubo grandes tormentas en Utiel, donde cayeron varios trozos de muralla y que los destrozos se dejaron sentir en Sumarcarcer, Gobarda, Alcacer, Alcira, Algemesí y, sobre todo, en Carlet, donde desaparecieron cien casas. Añade que 1517 fue un año de terremotos y que dos meses después de la gran riada, en las primeras horas de la tarde del 21 de noviembre de 1517, Játiva sufrió un seísmo de gran intensidad, que repitió al día siguiente. En Cataluña, a comienzos del mes de noviembre de aquel mismo año, un temporal de lluvias se mantuvo muy activo, lloviendo profusamente, sin parar, durante dos noches y un día, ocasionando grandes daños y causando la muerte a muchas personas. Como consecuencia, se produjeron importantes inundaciones en el Llobregat, en Vich y, sobre todo, en las riberas del Ebro.
Las avenidas e inundaciones continuaron…
Desde esta inundación de septiembre de 1517 transcurrieron veintitrés años sin sucesos de esta naturaleza, hasta el 5 de octubre de 1540. Seis años después sobrevino la inundación del día de San José de 1546. Y más tarde, las riadas de 1555, de 1557, de 1577 y de 1581, en la que el río vino tan crecido que pasó por encima del Puente del Real, riada que se reprodujo los días 22, 23 y 25 de septiembre y que afectó a todo el Reino de Valencia. En ella se desbordaron ríos y barrancos; se ahogaron muchas personas; se destruyeron pequeños pueblos, molinos y alquerías; se arruinaron los campos y se destrozaron muchas cosechas. Por tal motivo, se encarecieron enormemente los comestibles y otros artículos. Otra nueva inundación catastrófica sobrevino en el mes de octubre de 1589, después de la cual las autoridades aumentaron el arbitrio sobre la carne. Con los fondos recaudados se construyeron en piedra la Puerta y el Puente del Real, se concluyó la edificación del Puente Nuevo y se levantaron diques y pretiles que encauzaron el Turia desde Mislata hasta Monteolivete.
Sería demasiado largo y reiterativo continuar la enumeración de las crecidas y desbordamientos del Turia en los cuatro siglos que siguieron. Por ello, se concluye este tema con unos apuntes sobre la última inundación valenciana, la del año 1957, que puso fin a la serie de riadas valencianas de los últimos siglos y que tuvo, además, extraordinarias repercusiones en el futuro urbanístico de la Ciudad del Turia.
Ultima gran riada del Turia.
14 de octubre de 1957

Doble riada en que las aguas sobrepasaron el Puente de Aragón
LA CRÓNICA DEL SIGLO XX, publicación de Plaza & Janés, Editores, S.A., resume la efeméride valenciana del 14 de octubre de 1957 en estos términos:
TERRIBLES INUNDACIONES EN VALENCIA
“Los temporales de lluvia, que durante las últimas semanas azotan España, han tenido una triste manifestación en la zona de Valencia. El río Turia se ha desbordado a las dos de la madrugada, inundando la capital con una pavorosa riada, que afecta a dos tercios de la población. A media mañana, las aguas comenzaron a retroceder; sin embargo, al mediodía, comenzó de nuevo a llover, en medio de gran aparato eléctrico. No se recuerda una tragedia tan grande desde 1879. En algunos puntos, el agua alcanza los dos metros”.
“Fuera de la capital, el desastre es también enorme. Centenares de viviendas destruidas en Catarroja, Chivas, Masanasa, Albal; un barrio entero de Carlet; desolación casi completa en Nazaret; desbordamientos del Magro en Algemesí; del Jucar, en Alicante y del Segura en Orihuela. Más de ochenta muertos y miles de millones en pérdidas.”
Información del Servicio Meteorológico Nacional (Octubre, 1957)

El Meteorólogo J. Fernández Campa, en su análisis “El tiempo en España durante el año agrícola 1957-58” del CALENDARIO METEORO-FENOLÓGICO 1959, publicado por el Servicio Meteorológico Nacional, al comentar el tiempo atmosférico acontecido el mes de Octubre de 1957, decía lo siguiente:
“Las precipitaciones que descargaron en la mitad oriental de la Península fueron abundantísimas, superándose en Valencia el 600 por 100 de las normales. En dicha región, los intensísimos chubascos tormentosos ocasionaron el desbordamiento del Turia y un verdadero desastre regional. Las lluvias, en cambio, fueron escasísimas en el Norte, Duero, Extremadura y Oeste de Andalucía. Las temperaturas medias mensuales se aproximaron a las normales.”
“La primera década empezó con un descenso térmico, nevadas en puntos del centro y mitad norte de la Península, y tormentas y chubascos en Cantabria. Siguieron precipitaciones intensas en la región Central y Levante. A partir del día 4 el tiempo, en general, fue bueno y las temperaturas normales.”
“ La segunda década, del 11 al 15, fue de precipitaciones generales de carácter tormentoso, que adquirieron su máxima intensidad los días 13 y 14 hacia Levante, ocasionando el desbordamiento del Turia y una catástrofe regional sin precedentes en el siglo. Los días 19 y 20 fueron de carácter tormentoso en muchas zonas. Las temperaturas se caracterizaron por la escasa amplitud de sus oscilaciones.”
“La década tercera fue la más seca. Empezó con chubascos en Cantabria y terminó con pequeñas precipitaciones en el Norte, alto Ebro, puntos del Duero y hacia la provincia de Cádiz. El día 29 descargaron tormentas en Cantabria. Las temperaturas máximas fueron algo más elevadas que las máximas normales, a partir del día 25.”
“Las lluvias torrenciales de Levante ocasionaron grandes daños a los cultivos y cosechas ya recolectadas. En otras regiones, las lluvias y las temperaturas benignas favorecieron los sembrados tempranos y los pastos.”
La precipitación mensual del mes de octubre del año 1957 recogida en el Observatorio Meteorológico de Valencia había sido de 309,9 mm. ( litros por cada metro cuadrado). Como contraste, en las lluviosas ciudades gallegas de La Coruña y Santiago de Compostela se totalizaron aquel mismo mes 13,7 mm. y 6,0 mm, respectivamente. Valencia registró entonces el máximo mensual de precipitaciones del mes de octubre de todos los Observatorios peninsulares.
El gran desvío del río: fin de las riadas del Turia.
Después de esta nueva catástrofe, se abordó definitivamente el desvío del río Turia fuera de la Ciudad, desviación que ya se venía contemplando como la mejor de las posibles soluciones para hacer desaparecer de Valencia aquella terrible y endémica lacra de sus riadas.
El desastre regional había sido de tal magnitud que el Gobierno no tuvo más remedio que adoptar decisiones importantes. Meses después se aprobó la denominada Solución Sur, que consistía en desviar el río, construyendo un nuevo cauce de 12 Kilómetros de longitud y 175 metros de ancho, capaz de desaguar 5.000 metros cúbicos por segundo en una nueva desembocadura del Turia, que iba a situarse tres Kilómetros al sur de la existente. La riada de 1957 había llegado a alcanzar, según los cálculos, un caudal máximo de 3.800 metros cúbicos por segundo. Teóricamente, con el desvío del nuevo cauce, las inundaciones en la ciudad ya no eran posibles. Las obras comenzaron en 1964 y finalizaron en 1973, aunque no se completó totalmente el programa inicial.
Al principio, la Solución Sur era un proyecto hidráulico que se fue reconvirtiendo en un ambicioso plan urbanístico, que pasó a denominarse Plan Sur de Valencia. Fue aprobado por ley en 1961 y comprendía, además de las actuaciones hidráulicas, otras acciones de carreteras, ferroviarias y de urbanización. El antiguo cauce urbano del río, ya liberado del Turia, ha tenido un gran futuro en la modernización de Valencia.
Nuevo cauce del Turia
Monumento dedicado a las innumerables víctimas
Veinticinco años después de la última inundación catastrófica de Valencia por las desbordadas aguas del río, en el año 1982, el alcalde de la Ciudad del Turia, Sr. Pérez Casado, inauguró un monumento en recuerdo de las innumerables personas que habían perecido víctimas de las riadas a lo largo de todos los tiempos.
Este monumento está situado en la explanada de la antigua estación del ferrocarril de Aragón, rodeado por una pequeña alberca. Es una obra de líneas esquemáticas muy estilizadas, formado por dos cuerpos rectilíneos cubistas de 16 metros de altura, paralelos y casi verticales, con los que se pretende glorificar y mantener vivo el recuerdo de quienes perdieron la vida en la última riada de 1957 y todas las anteriores. Fue hecho en piedra artificial, por encofrado, con diseño del escultor valenciano Ramón de Soto Arándiga.

Monumento a las Víctimas de las Riadas del Turia en Valencia
Fotog.: cortesía de José Francisco Ponce, Ronda (foro Meteored)
Carmen Gozalo de Andrés
Santander, Noviembre de 2003


2 Comentarios
1. wuau comentó el 10th Abril 2008, 17:43 :
wuaou
2. sonia comentó el 10th Abril 2008, 22:26 :
cuando cayeron las murallas de valencia y quien mandó que fueran derribadas?
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